Sentirse mejor, sentirse cuidado, sentirse querido... Sentir es percibir una sensación proveniente de un estímulo externo o del propio cuerpo. No siempre la causa de ese sentimiento depende del agente externo, también influye cómo percibes tú esa realidad.
Me atrevo a afirmar que la mayor percepción del amor es la de la persona que estás enamorado, crece exponencialmente con el tiempo y es incondicional. Se podría incluir aquí también el amor que se siente por los hijos.
La percepción del amor de Dios es un regalo que nos viene dado. Te ayuda a ser mejor, a mirar y escuchar con el corazón. Te transforma y donde otros ven oscuridad tú ves luz y esperanza. Nunca te sientes solo, te vuelves generoso y no escatimas en dar lo que eres.
Cuando has experimentado en ese grado la percepción del amor puede suceder que tus expectativas sean demasiado exigentes y esa generosidad la esperas de todas las personas, especialmente de las de tu círculo más cercano. Personas, que quizás no perciben como tú el sentirse querido, el sentirse cuidado, el sentirse mejor...
Ahí entra en acción otro sentimiento, el del enojo o el de la tristeza, provocado por la envidia. No busques mucha explicación para entender los comportamientos de personas de las que esperabas más, posiblemente sea envidia.
La envidia, ese deseo de tener lo que tú tienes, de ser lo que tú eres, de vivir lo que tú vives o aún peor de desear que tú no lo tengas, no lo seas o no lo vivas... para que su vida no sea tan triste. Puede ser que eso provoque esa reacción que a ti te hace sentir no querido, no cuidado, sentirte mal.
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Esas personas son las que merecen la para, son las que merecen tu tiempo... El tiempo, el tesoro más valioso que poseemos, no escatimes e inviértelo con quién te hace feliz. Y no olvides que todo el tiempo que pasas enfadado por esas personas que no te merecen se lo quitas a los que de verdad te quieren.
Sé feliz, estamos en esta vida con ese objetivo.
@MCTejedor


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